Ya entré en Bolivia y todo cambió. Como ya os dije, según más nos acercábamos a la frontera más diferente era todo lo que veíamos. Las calles llenas de gente vendiendo en su chiriguito o sobre el suelo, taxis, coches y autobuses circulando, guiris como yo buscando la ofina de turismo, la terminal de bus o un lugar donde comer... Impacta ver tanta gente y tanta vida en la calle. Todas las mujeres van vestidas con su falda tableada, con su gorrito andino y la manta de mil colores a la espalda, con algún bebé encima o cargada de otras cosas.
La música típica boliviana está presente todo el día, en casi todas las calles y a un volúmen considerable... así que a quien no le guste... pues que se aguante.
Y bueno... por el poco tiempo que llevo acá... pues la gente parece mucho más tranquila, suaves en la forma de hablar (aunque a veces casi no les entiendo) aunque hay mucha gente que tampoco habla español, sino quechua, aimará..y otros dialectos indígenas, así que a veces preguntas a alguien y no es posible la comunicación.
Y bueno... la pobreza también está presente. No es como en Argentina que se localizaba en ciertas zonas ("Villas miseria" las llamaban), terminales de bus o zonas más periféricas. Aquí se ve que gran mayoría de la población vive de los puestos ambulantes de la calle de comida, ropa, música, limpiando zapatos... Hay muchos niñ@s en la calle durante todo el día, y muchos de ell@s trabajando.
En fín, sin duda cambió la realidad y esta sin duda no deja indiferente a nadie.
Las fotos que veis son de la Quiaca, Argentina aún (frontera con Bolivia), y de Uyuni. Las del motaje y de los catus son del Salar de Uyuni, la costra salina mayor del mundo, y de la Isla del Pescado, situada dentro del salar (y su nombre porque de lejos parece un pescaito).
L@s bolivianos son gente dura dura... yo llevo 3 días y estoy sufriendo el frio invernal en mis carnes como nunca... a parte del mal de altura, que a 3500 (en Uyuni) y a 4070 que estoy ahorita, en Potosí pues se nota que falta la respiración, el corazón parece que se te sale del pecho y duele un poquillo la cabeza. Por supuesto que tomo hojas de coca para contrarrestar los efectos... pero tampoco se nota mucho. Es cuestión de que el cuerpo se acostumbre.
Pues ell@s pasan todo el dia fuera, en la calle, suben, bajan, cargan cosas, y no van tan abrigad@s como l@s turistas de turno que andamos por acá, y están totalmente adaptados al medio.
Bueno, nada más para la crónica de hoy.
Muchos besos

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